
Este post llega tarde: muchísima tela se ha cortado ya sobre el asunto de la reconstrucción del PJ que está llevando adelante Néstor Kirchner y, más específicamente, su convocatoria a antiguos aliados/enemigos, empezando por Roberto Lavagna. Por eso, quisiera encarar el tema desde una perspectiva en particular, a saber, qué impacto genera (o debería generar) sobre las fuerzas progresistas o de centro-izquierda que se sumaron al armado kirchnerista.
Me resulta inevitable hacer algunas consideraciones previas (una suerte de análisis); trataré de ser breve. Y, por supuesto, aclaro: a continuación no verteré más que apreciaciones infinitamente subjetivas sin ninguna pretensión de verdad.
En primer lugar, creo que la reestrucutración del PJ es una medida de corte coyuntural, es decir, no forma parte de un plan -pergeñado en las sombras y hace tiempo- destinado a convocar a distintos actores para después fagocitarlos y subsumirlos en la estructura tradicional del PJ. Distintos gestos, como la caída de varios caciques bonaerenses, el lugar marginal que ocuparon representantes tradicionales (especialmente sindicales) en las listas de las últimas elecciones y la construcción y acumulación extra-PJ sostenida durante 4 años, parecieran señalar que hay una vocación real de construir una nueva estructura que “suprima conservando” al PJ. En este sentido, creo que el espíritu de la movida está bien representado por la supuesta frase de Cristina (nada importa aquí su veracidad): "Néstor, agarrá vos. Se nos va a meter cualquiera y después... cómo lo sacamos?".
De manera que, en cierto sentido, parecería ser una movida más bien preventiva. Pero, por supuesto, no sólo preventiva. Entonces, en segundo lugar, ¿cuál sería la coyuntura que empujó a Kirchner a buscar y encabezar la reconstrucción de PJ? Creo que la respuesta viene por el lado de que, en las últimas elecciones, se comprobó que si bien se puede gobernar combinando el gasto público con un refinado manejo mediático (léase: no creo que la movida esté destinada principalmente a ganar gobernabilidad), para ganar las elecciones todavía sigue siendo necesario el aparato del PJ. Los triunfos con más del 70% de los gobernadores de la zona norte del país, así como los de los “grandes centros urbanos” que conforman el primer y segundo cordón del conurbano, parecerían ser una muestra de ello. Y parecería claro que la toma de conciencia sobre esta materia fue previa a las elecciones, dado que la campaña de Cristina evidenció una sustancial “pejotización” durante los últimos dos o tres meses.
En definitiva, a mi parecer, se trata de una cuestión eminentemente táctico-estratégica con el objetivo de controlar la maquinara del PJ para evitar que otros lo hagan así como para poder usufructuarla y ponerla a trabajar al servicio de su propio proyecto.
Es por todo lo anterior que, siempre según mi opinión, la reestructuración del PJ no debería representar para los aliados de centro-izquierda del gobierno una preocupación ni debería, al menos por el momento, suscitar replanteos sobre el rumbo adoptado o la vigencia del proyecto de la Concertación.
En primer lugar, como dije, porque no creo que sea una jugada “ideológica”, sino estrictamente política. En ese sentido, un replanteamiento de la decisión de acompañar al gobierno por parte de sus aliados progresistas debería estar motivada en las políticas públicas concretas impulsadas y no en las personas. Si el rumbo que tuvo la gestión de Kirchner se mantiene durante la actual, en principio no habría razones fuertes para abandonar el proyecto.
En segundo término –y relacionado directamente con lo anterior-, creo que si las fuerzas progresistas que se acercaron al gobierno clamaran ahora por un “viraje ideológico” hacia la derecha en virtud la convocatoria a participar de la reestructuración del PJ a actores como Lavagna, Puerta o Romero, sería una hipocresía. Si fuese por juicios personales, ninguna fuerza que se precie de progresista podría haber integrado nunca jamás el proyecto de la Concertación. ¿Acaso Lavagna es más de derecha que Lousteau, discípulo de Fraga? ¿Qué podría decir Beder Herrera para diferenciarse de Puerta o Romero? ¿Alguien se olvida del prontuario de Aníbal o del cavallismo (con lista junto a Elena Cruz incluida) de Alberto? Si es por la posibilidad de dar una lucha desde dentro de la gestión, por llevar adelante ciertas áreas o proyectos, por empujar una construcción heterogénea hacia la izquierda, puede ser; pero si es por las personas... no jodamos.
Ahora bien, todo lo dicho hasta aquí no quiere decir que sea fantástica o que nos deba caer simpática la reestructuración del PJ. Pero no representa más costos que los que ya se han asumido, o no significativamente. En cambio, sí es un límite al proceso de construcción política: aun hoy sigue siendo iluso pensar en una fuerza política con capacidad de gobierno (y de ganar elecciones) que excluya a la mayoría del PJ. Esto debe ser tenido en cuenta por los actores de centro-izquierda y es un factor sobre el que hay que prestar especial atención, por supuesto. Aunque hoy no lo sea, quizá más adelante se evidencie que este punto fue una inflexión que devolvió al gobierno kircherista a la senda de la política tradicional que gobernó este país durante las últimas décadas.
Esperemos que esta cuestión represente modificaciones sustantivas de las fronteras del PJ para adentro y no desde el gobierno hacia fuera. Quizá haya que tener en cuenta (digo, para no desesperar) que para vaciar una empresa, primero hay que comprarla. Pero si no, si resulta que se compró la empresa para eliminar a la competencia, bueno, esperemos saber darnos cuenta a tiempo. Hay que ser bien consciente de los riesgos y los costos asumidos para después tener la inteligencia y la humildad de reconocer si se erró el camino. Pero no por eso hay que dejar de caminar. Como dijo Goëte y repitió Hegel, “el que quiere algo grande debe saber limitarse”.
Me resulta inevitable hacer algunas consideraciones previas (una suerte de análisis); trataré de ser breve. Y, por supuesto, aclaro: a continuación no verteré más que apreciaciones infinitamente subjetivas sin ninguna pretensión de verdad.
En primer lugar, creo que la reestrucutración del PJ es una medida de corte coyuntural, es decir, no forma parte de un plan -pergeñado en las sombras y hace tiempo- destinado a convocar a distintos actores para después fagocitarlos y subsumirlos en la estructura tradicional del PJ. Distintos gestos, como la caída de varios caciques bonaerenses, el lugar marginal que ocuparon representantes tradicionales (especialmente sindicales) en las listas de las últimas elecciones y la construcción y acumulación extra-PJ sostenida durante 4 años, parecieran señalar que hay una vocación real de construir una nueva estructura que “suprima conservando” al PJ. En este sentido, creo que el espíritu de la movida está bien representado por la supuesta frase de Cristina (nada importa aquí su veracidad): "Néstor, agarrá vos. Se nos va a meter cualquiera y después... cómo lo sacamos?".
De manera que, en cierto sentido, parecería ser una movida más bien preventiva. Pero, por supuesto, no sólo preventiva. Entonces, en segundo lugar, ¿cuál sería la coyuntura que empujó a Kirchner a buscar y encabezar la reconstrucción de PJ? Creo que la respuesta viene por el lado de que, en las últimas elecciones, se comprobó que si bien se puede gobernar combinando el gasto público con un refinado manejo mediático (léase: no creo que la movida esté destinada principalmente a ganar gobernabilidad), para ganar las elecciones todavía sigue siendo necesario el aparato del PJ. Los triunfos con más del 70% de los gobernadores de la zona norte del país, así como los de los “grandes centros urbanos” que conforman el primer y segundo cordón del conurbano, parecerían ser una muestra de ello. Y parecería claro que la toma de conciencia sobre esta materia fue previa a las elecciones, dado que la campaña de Cristina evidenció una sustancial “pejotización” durante los últimos dos o tres meses.
En definitiva, a mi parecer, se trata de una cuestión eminentemente táctico-estratégica con el objetivo de controlar la maquinara del PJ para evitar que otros lo hagan así como para poder usufructuarla y ponerla a trabajar al servicio de su propio proyecto.
Es por todo lo anterior que, siempre según mi opinión, la reestructuración del PJ no debería representar para los aliados de centro-izquierda del gobierno una preocupación ni debería, al menos por el momento, suscitar replanteos sobre el rumbo adoptado o la vigencia del proyecto de la Concertación.
En primer lugar, como dije, porque no creo que sea una jugada “ideológica”, sino estrictamente política. En ese sentido, un replanteamiento de la decisión de acompañar al gobierno por parte de sus aliados progresistas debería estar motivada en las políticas públicas concretas impulsadas y no en las personas. Si el rumbo que tuvo la gestión de Kirchner se mantiene durante la actual, en principio no habría razones fuertes para abandonar el proyecto.
En segundo término –y relacionado directamente con lo anterior-, creo que si las fuerzas progresistas que se acercaron al gobierno clamaran ahora por un “viraje ideológico” hacia la derecha en virtud la convocatoria a participar de la reestructuración del PJ a actores como Lavagna, Puerta o Romero, sería una hipocresía. Si fuese por juicios personales, ninguna fuerza que se precie de progresista podría haber integrado nunca jamás el proyecto de la Concertación. ¿Acaso Lavagna es más de derecha que Lousteau, discípulo de Fraga? ¿Qué podría decir Beder Herrera para diferenciarse de Puerta o Romero? ¿Alguien se olvida del prontuario de Aníbal o del cavallismo (con lista junto a Elena Cruz incluida) de Alberto? Si es por la posibilidad de dar una lucha desde dentro de la gestión, por llevar adelante ciertas áreas o proyectos, por empujar una construcción heterogénea hacia la izquierda, puede ser; pero si es por las personas... no jodamos.
Ahora bien, todo lo dicho hasta aquí no quiere decir que sea fantástica o que nos deba caer simpática la reestructuración del PJ. Pero no representa más costos que los que ya se han asumido, o no significativamente. En cambio, sí es un límite al proceso de construcción política: aun hoy sigue siendo iluso pensar en una fuerza política con capacidad de gobierno (y de ganar elecciones) que excluya a la mayoría del PJ. Esto debe ser tenido en cuenta por los actores de centro-izquierda y es un factor sobre el que hay que prestar especial atención, por supuesto. Aunque hoy no lo sea, quizá más adelante se evidencie que este punto fue una inflexión que devolvió al gobierno kircherista a la senda de la política tradicional que gobernó este país durante las últimas décadas.
Esperemos que esta cuestión represente modificaciones sustantivas de las fronteras del PJ para adentro y no desde el gobierno hacia fuera. Quizá haya que tener en cuenta (digo, para no desesperar) que para vaciar una empresa, primero hay que comprarla. Pero si no, si resulta que se compró la empresa para eliminar a la competencia, bueno, esperemos saber darnos cuenta a tiempo. Hay que ser bien consciente de los riesgos y los costos asumidos para después tener la inteligencia y la humildad de reconocer si se erró el camino. Pero no por eso hay que dejar de caminar. Como dijo Goëte y repitió Hegel, “el que quiere algo grande debe saber limitarse”.