lunes 17 de diciembre de 2007

La clarividencia de Hobbes


El capítulo X del Leviatán, la obra más conocida de Thomas Hobbes, comienza diciendo: “El poder de un hombre (universalmente considerado) consiste en sus medios presentes para obtener algún bien manifiesto futuro. Puede ser original o instrumental”. Mientras que el poder “original” consiste en “la eminencia de las facultades del cuerpo o de la inteligencia”, el “instrumental” se adquiere mediante los anteriores y sirven como “medios o instrumentos para adquirir más” poder.
Luego de dichas definiciones, Hobbes detalla una larga serie de estos poderes instrumentales. El primero es obvio: la riqueza. Le siguen la reputación, los amigos (en tanto son muchos poderes funcionando como uno), la buena fortuna.
Se detalla entonces, a continuación, más elementos que son –o son síntoma de– poder. Reputación de poder es poder. Reputación de amor es poder (a los efectos del poder, ser temido o ser amado es la misma cosa). Éxito es poder. La afabilidad de los hombres que están en el poder es más poder. La reputación de prudencia es poder. Nobleza es poder. Elocuencia es poder. Las buenas maneras son poder.
Hasta aquí todo bien. Y a continuación, el párrafo que cautivó mi atención y detuvo mi lectura: “las ciencias constituyen un poder pequeño, porque no es eminente, y por tanto no es reconocido por todos. Ni está en todos, sino en unos pocos, y en ellos sólo en pocas cosas. En efecto, la ciencia es de tal naturaleza, que nadie puede comprenderla como tal, sino aquellos que en buena parte la han alcanzado”.

Ayer participé de una reunión provincial del Partido Socialista, la cual dedicó la mayor parte de su duración al análisis de la situación política del país y el rumbo que el partido debía adoptar. Si bien había dos posiciones más o menos definidas, se escucharon innumerables y variopintos argumentos a favor de una y otra, invocando estadísticas económicas, historia, dinámica de las instituciones estatales, políticas públicas, sistemas políticos y la crisis de representación.
Entonces, mientras escuchaba todo eso, pensaba: ¿para qué mierda me habré pasado tantos años estudiando algo de lo cual todo el mundo puede opinar? A nadie se le ocurrió decir: “A ver, dejemos que hable el pibe, que estudió ciencias políticas”, y lo bien que hicieron, porque mi análisis –dato más, dato menos- no podría haber aportado nada deslumbrante a lo que dijeron otros, e incluso –en sus momentos más oscuros- quizá no hubiera podido trascender las doctas opiniones de muchos conductores de taxi de la Ciudad de Buenos Aires.
Desde ya, el comentario anterior tiene una cuota de chiste, no sólo no creo que haya estudiado al pedo sino que, si es cierto que todavía no puedo aportar demasiado a un análisis político de coyuntura, también se debe a que –pese al título de grado- mi proceso de formación apenas si es incipiente. Pero que tenía razón Hobbes, la tenía: comparada con otras formas de poder, la de las ciencias es bastante insignificante e impotente.

4 comentarios:

Ni buena ni mala... dijo...

Chino con Rulos: Primer punto: usted nunca, pero nunca, debe desconfiar de Hobbes, razones varias conducen esta afirmación y el espacio de un comentario no da para explayarse. Segundo punto: La diferencia entre un opinador y un opinador con titulo es que el segundo tiene método y este sirve para que la opinión tenga validez y racionalidad ya que Ud. la puede poner a prueba y esto de ultima le da “poder” en términos hobbesianos.

entretanto dijo...

Muy interesante reflexión, Chino.

maresdelsur dijo...

Yo siempre desconfío de Hobbes, pero es por naturaleza, él desconfía de todos los seres humanos. Hobbes, piensa que somos una mier... y bue yo soy un poco más optimista.
Además que te den poca bola, se debe a que sos joven,y "no sabés"
El poder de la ciencia, de toda la ciencia, puede cambiar el mundo. Prueba de ello, es que nos estamos escribiendo... que eso llegue a todos, es otra discusión...

Zabalita dijo...

Varios puntos:
1) Como colega de estudios, obviamente puede a veces ser frustrante haber estudiado algo sobre lo que cualquiera puede opinar. Y si para vos fue frustrante en una reunión partidaria, imaginate lo que es en una mesa de familia extendida o en el café. Mejor callar en esos casos o no invocar la supuesta autoridad que confiere haber estudiado ciencia política. Una cosa es la ciencia y otra la actividad concreta. Y obviamente, a la hora de tomar decisiones, la ciencia política nos puede ayudar, pero el político, el tipo que lleva en la sangre eso, que lo tiene por instinto casi natural, sabe más. Son formas de conocimiento distintas. Y para el caso es bueno que sea así, y de paso desterramos esa falacia extendida según la cual si estudiás ciencia política vas a ser político.
2) Yo no subestimaría el poder de la ciencia. Preguntale a los japoneses que experimentaron dos veces en carne propia el poder de la ciencia (6 y 8 de agosto del 45).