domingo 30 de marzo de 2008

Imperfección

No sé si alguna vez, en la historia del arte o de la filosofía del arte, fue puesta en cuestión la belleza de la perfección, de manera que soy consciente de que puedo estar diciendo una obviedad, una estupidez o, en el mejor de los casos, una mera apreciación de sentido común, común y corriente. Pero me parece que la idea de que existe una relación directa entre belleza y perfección debería ser revisada, por lo menos en lo que refiere a las cosas de los hombres.
Y ello porque, en lo que nos compete como género o raza, la perfección no existe. De manera que el ideal de perfección es, por un lado, inobjetable e inmaculado. Pero si tratáramos de captar con el concepto de “perfecto” algo de lo que nos rodea en el mundo real, se nos presentarían –creo que inevitablemente- dos escenarios: la sobrevaloración de aquello que estamos enjuiciando o su alejamiento al campo de lo remoto e inalcanzable.
Siempre desde mi infundada opinión, creo que en la situación que acabo de describir, el concepto de perfección termina rezagado con respecto a lo bello. En el primer caso –la sobrevaloración- porque ese “plus” que uno pone pero que no está en el objeto lleva a una mínima exageración, a una pequeña desmesura que empaña, que arruina, justamente por poner el foco sobre el faltante; y en segundo de los casos, porque le suma a lo calificado la dolorosa condición de ser imposible.
Lo dicho hasta aquí corresponde a la reflexión que se dispara luego de interpretar una frase de Los Redondos que, hoy, me parece maravillosa. Pertenece al tema “Un poco de amor francés” (que a pesar de estar bastardeado por los medios no deja de ser hermoso), del disco La mosca y la sopa, en el cual, hablando de la mujer que lo ha cautivado, dice: “Es una linda ración /con un defecto (con uno o dos)”.
(Permítanme apartarme del argumento por un momento para decir, sólo por regocijo, que un poquito más adelante explica cómo hizo esa mujer para enamorarlo, con una exquisitez estético-política que no abunda: “el lujo es vulgaridad, dijo, y me conquistó/ de esa miel no comen las hormigas”).
Volviendo, el punto es que al referirse a esa mujer tan especial, esa miel de la cual no comen las hormigas, a esa copa de lo mejor, a su mujer, no cae en la tentación de hablar de perfección, sino que destaca que tiene un defecto… uno o dos.
Si hubiera dicho que era perfecta, en un acto de desmesura adjetivadora, no sólo habría incurrido en una exageración inverosímil, sino que también habría caído en el lugar común en el que todos los enamorados bobos hemos caído alguna vez. Y entonces uno, escuchando, pensaría que la situación por la que atraviesa es absolutamente ordinaria. En cambio, que le reconozca uno o dos defectos, me hace pensar que –sin dudas- está describiendo lo más aproximado posible a lo bello. Lo extraordinario de la poesía aparece aquí, justamente, cuando se destierra la perfección. La pintura, que era perfecta, recibe uno o dos trazos de más, defectuosos; y ahí se vuelve descomunalmente bella.
Dicho esto, finalizo este post que es puro prólogo, diciendo que la filosofía de Los Redondos tiene uno o dos defectos, por lo menos para mi. Y uno de ellos, quizá el más grande, es afirmar que “lo mejor de nuestra piel/ es que no nos deja huir”.
¿Lo mejor? A mi, a veces, me encantaría poder sacarme la piel, dejarla en el mundo haciendo mis cosas e irme, a algún lugar vacío, a charlar conmigo un rato.

7 comentarios:

Flor dijo...

¿Sabías, Migue, que en el lejano oriente los fabricantes de kilims siempre siempre le dejan un defecto a esas alfombras complicadísimas y artesanales? :) Lo hacen porque lo bueno, lo bello, es enemigo de lo perfecto. Lindísimo el post.

Chino con rulos dijo...

Hola Flor!
No, no sabía. Pero sabés que me suena? Puede ser que lo cuenten en alguna película? me suena...
gracias por pasar y por los elogios! un beso.

alterego? dijo...

que paso chino? a que se debe tan tremenda reflexion? en donde encontraste esos pequeños defectos que te volaron el seso y te pusieron a meditar tan poeticamente?
de todos modos, debo reconocer que senti que me leia a mi mismo cuando iba llegando al final del post, viste que loca es esa sensacion de querer dejar tu ser en el mundo natural y volar al esperitual. si lo haces, suerte en el viaje, la experiencia es fantastica.

Anónimo dijo...

Hola Chino con Rulos!
No se cómo llegué hasta tu blog pero la verdad es que me encantó tu reflexión. Es algo que venía dando vueltas en mi cabeza hace tiempo pero que hasta ahora no había encontrado palabras que lo puedan materializar.
Creo que encontrar lo perfecto en aquello que no pretende serlo es como el tercer momento de una tríada del desarrollo del gusto, el deseo, el amor por qué no, del hombre.
Existe un primer momento en nuestra vida, la niñez, en la que nos empezamos a relacionar con otros y en la que todo nos parece perfecto, deslumbrante, todo nos encandila... el desear todo, nos lleva a sólo poder encontrarnos realmente con nada.
El segundo momento, el más "carnal", excesivo, vulgar... es la adolescencia. En la que lo apasionante es aquello inalcanzable, lo perfecto. Que creemos verlo materializado todo el tiempo en cosas, personal, que obviamente luego se desvanecen porque lo perfecto no existe. De ahí las grandes descepciones con las que uno se choca en esos años (como diría Sabina "Los Romeos se demoran, y las Julietas se desenamoran"...).
Y por último, a cierta edad, indefinida al menos a mi entender. Alcanzamos ese tercer momento, en el que ya lo imposible nos aburre, en el que lo que aspira a la perfección nos resulta vulgar. Donde el amor, la pasión sólo se despierta en aquello que a partir de ser real alcanza su condición de universal. Donde lo bello es aquello que convive con sus defectos, donde el defecto es una parte más del todo. Y el todo sólo es todo (valga la redundancia) porque incluye esos defectos.
Definitivamente lo ùnico universalmente bello es lo real, donde lo particular, lo diferente, lo imperfecto, es lo realmente perfecto.

Saludos,
Una africana albina.
(Nunca vi a un chino con rulos, pero sí a un africano albino, googlealo!. Me parece que en este caso los africano no coinciden con vos con el tema de "un defecto, o dos"... el albino no es el más bello de los africanos sino un "objeto" para la brujería. Quizás si reflexionan un poco más sobre el tema al pobre pibe le vaya mejor.)

Chino con rulos dijo...

querida amiga albina (y africana), gracias por tu comentario!
mi respuesta llega -como diría joaquín- mal y tarde, pero llega. Me gustó mucho lo que dijiste. Fue intencionalmente hegeliano o sólo casualidad?
como sea, coincido con el tema de las edades, más allá de las excepciones imprescindibles.
Lo más bello es el todo, cuando el todo contiene su propia brecha, sus límites, su finitud. En otras palabras, ya lo dijeron los redondos: "dulce cadena, dulce condena, dios es todo, no puede progresar".
saludos!

Anónimo dijo...

Hola Chino...
No se si se puede decir que fue una reflexión intencionalmente hegeliana, no creo que se pueda llamar intencional a algo que se impone constante mente, aún sin que uno se de cuenta. No se qué se da primero si el huevo o la gallina, pero a veces creo que todo esquema de pensamiento que aspire a ser cerrado y coherente, termina siendo hegeliano.
Quizás plantee una total estupidez, pero creo que a Hegel le iría muy bien esa frase de los redondos, "Hegel es todo, no puede progresar". Su teoría es lógicamente perfecta, totalmente abarcativa, por eso nos deslumbra pero en algún punto nos deja vacíos. Y nos empuja a buscar algo más, diferente, que aunque imperfecto, más real, más bello. O mejor dicho, más esperanzador para aquellos que creemos que la historia todavía no terminó.

Me parece que me fui a la mierda con la reflexión jajaja

Saludos. Tu amiga africana.

Chino con rulos dijo...

Interesante, estoy de acuerdo con vos!
Realmente hacia adentro del esquema hegeliano cierra todo. Y quizá sea muy cierto que hegel es todo y no puede progresar.
Alguna vez Engels escribió que la filosofía hegeliana tenía un costado conservador, pero que éste era relativo; en cambio, tenía también un costado revolucionario que es absoluto, "lo unico absoluto que deja en pie".
Es decir, es posible leer en hegel una apuesta por una historia en constante (re)escritura, pese a que muchos creen leer en él un cierre de la historia (o una historia como mera providencia).
De todos modos, es cierto que Hegel en algún punto nos deja vacíos y por eso "nos empuja a buscar algo más, diferente, que aunque imperfecto, más real, más bello. O mejor dicho, más esperanzador para aquellos que creemos que la historia todavía no terminó".
Lo bueno que es que no nos tiene que empujar mucho, apenitas 20 años, ahí nomás, hasta Marx.
Gracias y saludos, amiga.