jueves, 29 de noviembre de 2007

De ríos revueltos, pescadores y pescados


Según publican todos los medios esta semana, estaría casi cerrado un acuerdo entre diputados nacionales que responden a Macri, los hermanos Rodríguez Saa, Patti, López Murphy y De Narváez -muchos de los cuales, a su vez, pueden ser agrupados en la categoría de “(ex)duhaldistas”- para formar un gran interbloque en la Cámara Baja, lo cual les permitiría constituirse como la primer minoría del recinto. Por supuesto, más allá de las coincidencias ideológicas, que las hay, lo que mueve a estos actores a conglomerarse es la posibilidad de acceder a los cargos y puestos de trabajo que se le conceden a la segunda fuerza política, que van desde la vicepresidencia del cuerpo (y todos los asesores y administrativos que eso implica) hasta un asiento en el Consejo de la Magistratura.
Ahora bien, hasta hace muy poco nadie daba cuenta de este proyecto. ¿Qué fue lo que sucedió para que surgiera esta posibilidad? Nuestra hipótesis es que el factor que determinó la decisión de estos sectores por aunarse es la descomposición de las fuerzas que deberían haber accedido a esa posición según los resultados de las elecciones pasadas (y de las anteriores): la UCR o la Coalición Cívica.
En el caso de esta última, es sabida la situación: ocho legisladores –incluidos algunos que acaban de acceder a su banca en octubre- han decidido apartarse de la CC por disidencias supuestamente ideológicas, especialmente con su líder, Elisa Carrió. No nos detendremos a hablar al respecto, pero la cosa es que la decisión de estos diputados de no integrar el interbloque de la CC le privó a esta última de la posibilidad de constituirse como la primer minoría.
La situación de la UCR es diferente: hubo facciones del radicalismo que apoyaron la candidatura presidencial de Carrió (Stolbizer y cia.), de Kirchner (Cobos y cia.) y de Lavagna; esta última opción fue la que sancionó la estructura orgánica del partido. Pero en este caso se da una particularidad: las autoridades oficiales del radicalismo han instalado una cruzada contra los inorgánicos, que empezó con intervenciones a los distritos díscolos y sigue con intentos de expulsión de sus miembros (más precisamente, contra quienes fueron con Kirchner; hacia la gente de Stolbizer hay otro trato). Lo mismo sucedió hacia dentro del Partido Socialista: la conducción nacional, encabezada por el Senador Rubén Giustiniani, apoyó la candidatura de Carrió y está promoviendo la intervención de los distritos y la expulsión de quienes acompañaron la opción oficialista.
¿Qué se desprende de lo dicho hasta aquí? Desde mi humilde perspectiva, me parece que las decisiones tomadas por las cúpulas dirigentes de los espacios citados están llevando a la pérdida de espacios, de poder, de representación y, en definitiva, pone a sus propias expresiones en riesgo de desaparición.
En el caso de la CC, si bien los que se fueron son los ocho diputados díscolos, lo cierto –a mi entender- es que Carrió no ha querido ni sabido contener a estos actores. Por supuesto que se puede alegar la mezquindad de Macaluse y demás, pero me parece que Carrió no puso ni el más mínimo empeño en conceder “incentivos selectivos” a este grupo que la acompaña desde hace ya varios años, que fueron –y son aun- líderes de la estructura partidaria que ella misma creó y a quienes les impuso de manera absolutamente inconsulta un jefe de bloque, candidatos presidenciales, vínculos políticos, etcétera. La CC debería haber sido la segunda fuerza y, a mi gusto, no hubiese estado mal. Más allá de las críticas que pueda tener, mil veces prefiero a un miembro de la CC en el Consejo de la Magistratura que a Juanjo Álvarez o alguna otra joyita duhaldista.
Y lo de la UCR me parece peor aun. Es necesario remarcar un hecho, para nada menor: los radicales que acompañaron a Kirchner en la última elección son, vaya casualidad, casi todos los gobernadores que tiene el radicalismo. Muy bien, Morales controla el aparato partidario. Fantástico, alta herramienta política. ¿Qué le queda a Morales si se le van los gobernadores? Un sello, una bonita cáscara... ah, y la interna, su deporte preferido, su razón de existir, como diría mi amigo Tarumba.
Me parece que esas decisiones van a contramano de los vientos políticos que soplan hoy en día. El sistema político está totalmente fragmentado, las antiguas estructuras entran en crisis, las identidades políticas se diluyen, los liderazgos personalista-mediáticos están en pleno auge, la gobernabilidad de los distritos locales está en gran medida supeditada a los fondos que baja el Gobierno nacional, la apatía por la cosa pública alcanza niveles grotescos.
En este contexto, me parece que lo más sano sería tratar de preservar las unidades y tolerar las diferencias. Creo que Carrió debería haber hecho todo lo posible para contener a los ocho díscolos y alcanzar la primer minoría de la Cámara. Creo que Morales debería haber permitido la libertad de acción para los distritos en que se jugaban gobernaciones. Y por eso mismo creo acertada la resolución del ARI de la provincia de Buenos Aires de no pedir sanciones contra los miembros que no han acatado la decisión de la conducción, algo que Morales y Giustiniani deberían imitar.Me parece que decisiones como las citadas vacían las estructuras partidarias, dinamitan todo intento de construcción política y, además, regala espacios de poder que podrían haber alcanzado en buena ley. Por supuesto, Mauri, Juanjo y Edu, agradecidos.

lunes, 26 de noviembre de 2007

El sarcasmo de Fontevecchia

En la edición de Perfil del sábado, una nota de Fontevecchia es acompañada de la fotografía de Cristina que acompañamos más abajo.
El epígrafe de la foto es el siguiente: "A cara lavada, Cristina Kirchner en Calafate hace dos semanas; la foto que se convirtió en un hit de Internet, comparable a los de YouTube, muestra que también es bonita sin maquillaje".
Frente a semejante ironía, Woody Allen parece un nene de pecho...

miércoles, 21 de noviembre de 2007

El Occidente contempla el inexorable y firme avance de la igualdad de género frente a la misoginia troglodita




Por supuesto, la industria de la publicidad se rinde ante esta irreversible tendencia...

martes, 20 de noviembre de 2007

El liderazgo de Carrió o Los que no fueron a Siberia


“Muy cruel. Muy cruel”, comentó mi estimado amigo A. al post anterior, de tono intencionalmente socarrón.
En el día de ayer se formalizó la ruptura de la Coalición Cívica liderada por Elisa Carrió. Un grupo de ocho diputados, encabezados por Eduardo Macaluse –actual presidente del bloque de diputados nacionales del ARI-, manifestaron su oposición al rumbo ideológico adoptado por la CC, que según ellos habría virado hacia la derecha en el último tiempo; muestra de ello sería no sólo la incorporación o el diálogo con figuras como Patricia Bullrich o Ricardo López Murphy, sino también la creación del Grupo de Acción Política para la defensa de los intereses de sectores ligados al agro.
No pretendo juzgar aquí la decisión del grupo rebelde, que se dice defensor de Carrió pero también de las ideas originales del ARI (¿“carriotismo sin Carrió”?). Diré solamente que parece interesante el argumento de los defensores de Lilita cuando acusan a los díscolos de hablar recién ahora pero no mientras integraron las listas de la CC, que les permitió renovar o acceder a sus bancas. En fin, no es lo que ahora nos importa.
La cuestión que quisiera tratar aquí es si hubo o no, del lado de la conducción de la CC, motivos como para dar lugar a una ruptura. Mi opinión es que definitivamente sí los hubo.
Dejaré de lado la cuestión ideológica, aunque –obviamente- comparto con Macaluse y Cia. que el discurso de Carrió viró hacia la derecha. Pero me parece que desde el propio armado político de la chaqueña hay situaciones que promueven (y promoverán) el cisma.
Por más que se queje de las prácticas de la vieja política y se desgañite en pos de la refundación moral de la República, al momento de trabajar en armados políticos Carrió es definitivamente autoritaria. La “dedocracia” imperó en el ARI y ahora en la CC, igual –o peor- que en otros partidos, y su política de alianzas es agresiva y excluyente (muchas veces el Partido Socialista ha intentado formar una alianza con el ARI, pero su respuesta siempre fue que aceptaban de muy buen grado que se acompañaran sus candidaturas, pero que no se negociaba ningún lugar en las listas).
Ahora bien, cuando esas prácticas se trasladan del ARI a la CC y Carrió incorpora nuevos dirigentes extrapartidarios que coloca a su lado, es lógico esperar turbulencias.
Es imprescindible decir aquí que todo esto se ve exacerbado por el carácter teológico-mesiánico del liderazgo de Carrió. En primer lugar hay que mencionar cómo se da la formación de la Coalición Cívica: Carrió, fundadora del partido ARI, renuncia a tal fuerza para poder construir esa gran coalición cuyo cemento de contacto es la moral republicana. Es decir, renuncia al ARI porque para comandar el proyecto de la CC necesita estar por arriba de todo particularismo, más allá de los partidos, trascendiendo las diferencias. Por encima del resto, como una madre por sobre sus hijos. O como un pastor por sobre sus ovejas. O como Dios por sobre sus fieles.
Y entonces, como Jesús, recluta a sus discípulos, que serán su círculo íntimo, las personas de mayor confianza y a quienes, en consecuencia, buscará ubicar en los lugares más visibles del armado político (porque no nos olvidemos que todo esto se trata de política, de lucha por el poder). Pero al momento de convocar deja de lado su antigua filiación partidaria y se rodea de nuevos actores que, además, profesan ideologías que eran consideradas extrañas hasta hace no muy poco.
Y entonces volvemos a la dedocracia. Del Sel y Prat Gay, presidenciables; Adrián Pérez, presidente del bloque de diputados; Bullrich (Bullrich...) cabeza de la estructura (si es dable hablar de estructura) de la CC. Todo de la manera más incosulta (claro, fue el mismo procedimiento el que incluyó a Macaluse en la lista de diputados, pero eso es otra discusión).
En definitiva, el método de construcción y acumulación política de Carrió pareciera destinado a conducir a sucesivas rupturas como la que acaba de ocurrir. El Contrato Moral bien puede ser un fantástico “incentivo colectivo”, pero también es necesario distribuir “incentivos selectivos”; en esto Carrió suele ser inequitativa. El manejo discrecional del rumbo político de su fuerza y su liderazgo mesiánico, me parece, van a atentar contra todo intento de armar e institucionalizar una fuerza política que le permita disputar el poder real del país a largo plazo.Así que, Agus, quizá haya sido cruel el post. Pero no por ello menos justificado, siempre desde mi humilde perspectiva.


pd: Dejo aquí el link a una breve nota de opinión sobre el tema de Jorge Mayer, Director de la Carrera de Ciencia Política de la UBA, cuyo análisis comparto.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Scioli mancum est, non eunucum


Scioli reveló que el accidente que le ocasionó la pérdida del brazo en una competencia de motonáutica fue una bisagra en su vida y que lo superó con dedicación y apoyo espiritual.

Pero del tono serio al humor hubo sólo una ráfaga. "Me divierte que hagan bromas con mi brazo", dijo, y sorprendió con el primer chiste: "El que más me gusta es el que dice que ahora el río Paraná tiene otro brazo, pero yo siempre recuerdo cuando el día del accidente les decía a los médicos que dejaran de buscar el brazo y que me salvaran la vida". Hubo otro más subido de tono: "Cuando hablo con Karina, mi mujer, le digo 'menos mal que perdí el brazo y no otra cosa'".


jueves, 15 de noviembre de 2007

Capricho comercial ambulante


Ayer me tomé el tren en Retiro con rumbo a la estación Belgrano. Eran cerca de las 14, estaba fresco pero bastante lindo y la travesía me trajo muchos recuerdos de los dos meses que viví en Vicente López a mediados de este año, época en la cual dicho ramal era parte de mi vida cotidiana. Así que estaba de buen humor.
No había pasado mucho rato desde que empezó el viaje cuando un vendedor ambulante ciego se paró en el medio del vagón a ofrecer un producto. Su speach comenzó así: “Bueno muy bien, damas y caballeros, vean qué bonito este artículo...”. En el acto caí en la cuenta de que el señor no-vidente nos llamaba a “ver” lo “bonito” que era su producto, justo dos cosas que él no podía hacer. “Un caníbal desdentado enseñando a masticar”, dirían Los Redondos.
Me pareció una escena digna de un sano y fino humor negro. Es más, no sé si no hubo algo de intencionalidad de su parte. La cosa es que me pareció bastante gracioso y pensé en hacer un post al respecto, pero después razoné que a mucha gente no le cae muy bien el humor negro y que ya bastantes problemas me trae mi pedantería involuntaria y mi verborragia imprudente como para seguir echando leña al fuego.
Sin embargo me quedé pensando en la cuestión de los vendedores ambulantes y, ahí solito, empecé a repasar anécdotas sobre vendedores ambulantes, como el tipo ese que arranca siempre diciendo “Buenos días damas y caballeros, o por qué no, clientes”. Para quienes no me conozcan, cuento que el tren formó parte de mi vida casi cotidiana desde que tengo unos 8 o 9 años y que, entre los 15 y los 22, directamente fue un amigo, un padre, una biblioteca y una extremidad inferior, alcanzando niveles de simbiosis que por momentos –muchos- rozaron lo insalubre. Toda la carrera universitaria la hice viviendo en Castelar, estudiando en Caballilto y trabajando en Merlo (el mapa del principio es para que se ubiquen), así que durante todos esos años pasé algo así como 3 horas por día en el tren. Así que me tomo el atrevimiento de decir que conozco a todos los vendedores ambulantes del Sarmiento y, por ende, tenía una cantidad importante de historias para recordar.
Pero entonces, ahí mismo, me acordé de que hace unos 15 días vi algo que no había visto nunca antes.
Estábamos yendo con Flor para mi casa materna y sube un vendedor a ofrecer una linterna. Era una linterna chiquita, de mano, común y corriente, pero el tipo la presentó como si fuera el Faro de Alejandría. Al principio no despertó mucho interés, hasta que alguien compró una y disparó el “efecto contagio”. Es sabido que en esta actividad es fundamental que haya una o dos personas que compren el producto, ya que eso motiva a otros a comprar. Eso es lo que explica el aparentemente ridículo comportamiento que tiene todo vendedor ambulante que se precie de tal, consistente en –apenas terminado el discurso inaugural de la venta- levantar el brazo, mirar hacia el fondo del vagón, extender el dedo incide en dirección al cielo y decir como si le estuviera hablando a alguien: “Sí, cómo no, ya le doy”, “un segundo y ya estoy con usted”, “Sí, claro, cómo no” o algo por el estilo.
Cuestión es que gracias al citado efecto, una segunda y luego una tercer persona solicita la tan elogiada linterna. Pero este último con una particularidad: le pide la linterna en color rojo (había varios colores). El vendedor busca una roja y se la entrega. Entonces la persona del asiento de atrás también pide la linterna, pero en color azul, y pasa lo que no podía pasar: la última azul se la había vendido al segundo tipo que compró.
Permítanme recalcar la situación: el tipo vendía una linterna, un producto que sólo sirve cuando no hay luz, es decir... cuando no se ven los colores!!!
La cosa es que cuando el cliente pide azul y el vendedor constata que ya no tiene, le propone darle alguna que no sea azul, a lo cual el potencial comprador se niega. Ya para esa altura la cara del tipo claramente mostraba una mezcla de sorpresa, con indignación, y con ganas de preguntarle para qué mierda la quería en azul.
Pero bueno, como el cliente siempre tiene la razón, fue al tipo al que tenía la linterna azul para pedirle por favor que se la cambiara. Obviamente, el vendedor –y yo, y flor, y todos los que seguíamos la escena- supuso que no podía haber otra persona en el mundo interesada en el color de una linterna comprada en el tren. Sin embargo, como dice la mamá de Forrest, “la vida es una caja de bombones, nunca sabes el que te va a tocar”. Y cuando el vendedor en cuestión le fue a pedir al poseedor de tan preciado bien si se la podía cambiar, éste le dijo que NO, que quería la azul!!!
El vendedor no podía dar crédito de lo que estaba pasando y ya estaba empezando a sentir una urticaria nerviosa, como el amigo de Ben Stiller en Loco por Mary. Así que, al borde de un ataque de nervios, les empezó a pedir a ambos por favor (y, de paso, explicándoles que la linterna funcionaba igual a pesar de la diferencia cromática) que cedieran en su innegable derecho de exigir un color determinado. “Sabés qué pasa? Es que no me quiero perder la venta”, decía mientras miraba al resto de los pasajeros buscando comprensión y tratando de desahogar las ganas que tenía de aplicarle un cachetazo en la nuca al encaprichado comprador.
Finalmente, el tipo que originalmente tenía la azul aceptó cambiar, pero con una cara de culo que le duró más de 4 estaciones. Y el vendedor se secó el sudor, con la misma expresión que tendría un director técnico cuando su equipo se acaba de salvar del descenso por un gol en el último segundo.Como diría el Bambino, una cossssa de locosss.