
El miércoles fuimos con Flor a ver a Spinetta. El recital era en La Trastienda, un lugar que es casi perfecto para este tipo de conciertos: chiquito, estás cerca, ves bárbaro, estás sentado tomando un vino y, fundamentalmente, el sonido es excelente. No podía salir mal.
A las 21.15 arrancó el show (estaba anunciado a las 21). Ya el primer tema y el Finca El Portillo cabernet confirmaron nuestros mejores augurios. Amén del Flaco, los músicos que lo acompañaron eran realmente buenos (o eso es lo que pude concluir sobre la base de mis primitivos conocimientos de música), así que todo era a pedir de boca.
Combinó temas nuevos con algunos clásicos. Sonó “Seguir viviendo si tu amor”, derrochando magia y belleza. En un momento anunció que iba a tocar un tema de Fito Páez. “Por dos motivos: el primero es que lo admiramos mucho. El segundo, es que así tocamos un tema de rock nacional que no sea mío”. Groso.
Cuando promediaba el recital pasó algo increíble, que no imaginé que podía pasar: se cortó la luz. En el acto quedamos iluminados sólo por las luces de emergencia y la gente empezó a aplaudir, en una mezcla de sorpresa, nervios y manifestación de apoyo. Y entonces la desgracia dio lugar al milagro: cuando la gente dejó de aplaudir pudimos notar que el Flaco seguía tocando su guitarra electroacústica (que ahora era sólo acústica) y que seguía cantando. Así, lo que podría haber sido una flor de cagada devino en un momento de intimidad maravilloso, único. Un regalo invalorable.
La luz volvió al ratito, apenas escasos minutos después. El recital siguió y predominó un estilo bien rocker, mucha batería y una guitarra eléctrica poderosa. De hecho, escuchamos una versión de “Ana no duerme” bastante diferente de la original y con una distorsión que hacía vibrar las paredes. Mucho pero mucho power.
A esa altura, había confirmado una y mil veces que Spinetta es un genio. Entonces, cuando ya no había espacio para la sorpresa, en el lapso de silencio que separa un tema de otro, un fan gritó: “Gracias por el rock!!!”. Y el flaco se dio vuelta, agarró el micrófono y dijo medio de costado: “Rocanrol, nennne”, imitando a Pomelo, el personaje de Diego Capusotto en “Peter Capusotto y sus videos”. Después, la obviedad: el público se vino abajo en carcajadas y el Flaco demostró que todas las categorías le quedan chicas: un fenómeno, un groso, un genio. Y más.
A las 21.15 arrancó el show (estaba anunciado a las 21). Ya el primer tema y el Finca El Portillo cabernet confirmaron nuestros mejores augurios. Amén del Flaco, los músicos que lo acompañaron eran realmente buenos (o eso es lo que pude concluir sobre la base de mis primitivos conocimientos de música), así que todo era a pedir de boca.
Combinó temas nuevos con algunos clásicos. Sonó “Seguir viviendo si tu amor”, derrochando magia y belleza. En un momento anunció que iba a tocar un tema de Fito Páez. “Por dos motivos: el primero es que lo admiramos mucho. El segundo, es que así tocamos un tema de rock nacional que no sea mío”. Groso.
Cuando promediaba el recital pasó algo increíble, que no imaginé que podía pasar: se cortó la luz. En el acto quedamos iluminados sólo por las luces de emergencia y la gente empezó a aplaudir, en una mezcla de sorpresa, nervios y manifestación de apoyo. Y entonces la desgracia dio lugar al milagro: cuando la gente dejó de aplaudir pudimos notar que el Flaco seguía tocando su guitarra electroacústica (que ahora era sólo acústica) y que seguía cantando. Así, lo que podría haber sido una flor de cagada devino en un momento de intimidad maravilloso, único. Un regalo invalorable.
La luz volvió al ratito, apenas escasos minutos después. El recital siguió y predominó un estilo bien rocker, mucha batería y una guitarra eléctrica poderosa. De hecho, escuchamos una versión de “Ana no duerme” bastante diferente de la original y con una distorsión que hacía vibrar las paredes. Mucho pero mucho power.
A esa altura, había confirmado una y mil veces que Spinetta es un genio. Entonces, cuando ya no había espacio para la sorpresa, en el lapso de silencio que separa un tema de otro, un fan gritó: “Gracias por el rock!!!”. Y el flaco se dio vuelta, agarró el micrófono y dijo medio de costado: “Rocanrol, nennne”, imitando a Pomelo, el personaje de Diego Capusotto en “Peter Capusotto y sus videos”. Después, la obviedad: el público se vino abajo en carcajadas y el Flaco demostró que todas las categorías le quedan chicas: un fenómeno, un groso, un genio. Y más.
PD: Como estoy en el trabajo y acá está bloqueado youtube, no puedo adjuntar el link a los videos de Pomelo. Pero los invito enfáticamente a que busquen en youtube los videos de Pomelo y asimismo los de Luis Almirante Brown (otro sketch de Peter Capusotto), así se imaginan al Flaco en su performance.
3 comentarios:
Spinetta es un capo. Yo solo conozco su primera etapa: Almendra y Pescado. Es decir, ignorante total de Jade, Invisible y lo que vino después, con alguna que otra excepción. Pero ya con Ana no duerme, Laura Va, Tema de pototo, Como el viento voy a ver, etc., estoy convencido que el flaco es un capo 100%.
Ooooh...Envidia! Qué feo sentimiento! Prefiero quedarme con aquello de que "si hubiese estado en BAires hubiese estado ahí". Como tantas veces.
El Flaco debería estar en el billete de 2 pesos. Es un auténtico prócer.
Justo lo que Zabalita no conoce es lo que más me cuelga: Jade y, sobre todo, Invisible.
Aunque, claro, por motivos autobiográficos la etapa que más recuerdos evoca es la de los Socios.
Por otro lado, la frase "Ana quiere jugar
sobre la alfombra, toca su sombra, cuenta las luces, mira la gran ciudad" bien puede darle nombre a una hipotética hija mía.
Sería para la segunda, anyway. Porque el nombre "Julia" pica en punta (se lo debo a Lennon).
A. soy poseedor de mi nombre por el grandioso Lennon, y sin querer entrar en un egocentrismo, lo recomiendo.
Spinetta es un grooso grosso. Recomiendo "Para los Arboles" que es un disco, para decirlo en términos académicos, de la putísima madre.
abrazos
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