viernes 25 de enero de 2008

Ansias de bajar


Para abordar el fenómeno desde su raíz, debería empezar por tratar el tema de la ansiedad en general, muy común en estos tiempos (“es casi hipnótico/ el tic no alcanza al tac/ ni me moja el paladar!”, dicen Los Redondos), especialmente en medios urbanos. Pero eso llevaría un escrito de otra envergadura, además de conocimientos específicos de los cuales carezco, así que me limitaré a hablar de un caso específico: la ansiedad que sufren quienes viajan en ascensor.
Desde ya que este post surge de una constatación de tipo empírica y más bien circunscripta a mis lugares de trabajo, por lo cual no pretendo universalizar mis afirmaciones. Valgan, simplemente, a título descriptivo.
Pero no daré más rodeos. La cosa es la siguiente: al menos donde trabajo, cuando la gente sube al ascensor experimenta cierta clase de sufrimiento cada vez que el mismo realiza alguna parada intermedia entre donde sube y su destino, ya sea arriba o abajo. Y a tal punto sufre, que hace cualquier cosa por evitarlo.
De esa manera he comprobado que la gente, en lugar de esperar pacientemente a llegar al piso deseado, ha desarrollado diversas estrategias para tratar de hacer que esas detenciones se extiendan lo menos posible. La primera (en términos lógicos así como cronológicos) es que, cuando terminan de subir los pasajeros en alguna estación intermedia, se aprieta el botón de “cerrar puerta” (puede decir CP, PC o dos triangulitos enfrentados por su vértice).
Sin embargo, el paso del tiempo (y la ansiedad siempre creciente) contribuyó para que naciera un nuevo modus operandi: en lugar de presionar la tecla de “cerrar puerta”, ahora se trata de mantenerla presionada hasta que se reinicia la marcha.
Hasta aquí, nada que escape al marco de lo previsible. Sin embargo, desde algunas semanas se ha visto una tercera conducta, sin dudas propia de un grupo de vanguardia y que fue, en definitiva, la que me movió a escribir sobre este asunto: consiste en apretar la tecla de “abrir puerta” apenas el ascensor arriba a la estación intermedia y mantenerla presionada hasta que el último pasajero pone un pie sobre el vehículo, momento en el cual –y con velocidad de prestidigitador- se pasa a presionar con decisión la tecla de “cerrar puerta” con un golpe seco.
Debo decir que, hasta ahora, no he podido comprobar si algún método es más efectivo que otro. De hecho, creo que el mismo artilugio a veces tiene distintos resultados, lo cual es bastante raro. Quizá se debería impulsar alguna investigación sobre la animosidad de los ascensores, tal como se debería hacer con otros objetos tales como computadoras e impresoras.
En fin, la cosa es que se hace muy difícil disfrutar el viaje en ascensor o, simplemente, tomar conciencia de que las milésimas de segundo que uno pueda ahorrar con las teclas de PC y PA no van a tener una incidencia significativa en nuestras vidas. Yo, por mi parte –y como en muchas otras cosas- soy militante de la “vieja escuela”: un golpecito sobre PC y a lo sumo, si se pone densa la cosa, la sostengo presionada un ratito. Pero con mesura reformista.

5 comentarios:

Julián dijo...

Hablando de historias de ascensor.
Siendo provinciano siempre saludé cuando me subía a un ascensor pero desde que vivo en la gran ciudad fui perdiendo la costumbre. Me llamó mucho la atención cuando fui a cancilleria que todos los que desean trasladarse cuando suben pronuncian un educado: "buen día" y TODOS (!) los que están en el habitáculo RESPONDEN (!!!!) con sumo respeto. Diplomacia que le dicen...

Ni buena ni mala... dijo...

Según tu detallada descripción pertenezco a la categoría vanguardista, y más aún, ya que para que el ascensor tenga el mínimo tiempo de escala posible dejo apretada la tecla para mantener las puertas abiertas y cuando sube el último pasajero la suelto, haciendo que la puerta se cierre inmediatamente. Es más mi ansiedad es tal que soy capaz de subir o viajar los pisos que sean necesarios para no esperar el ascensor, lo que se dice una autentica ansiosa

Zabalita dijo...

Che, Miguel, eso de mesura reformista, viniendo de vos no suena muy creíble. Más bien te hubiera imaginado presionando el botón del ascensor con pasión revolucionaria. Dejá la mesura reformista para otros!

alterego? dijo...

jajaja, me extraña maikel que creas que eso es vanguardia, esa practica es bastante usada y poco efectiva, en mis años de estudiante universitario en facu top, mis distinguidios compañeros de clase alta sin respeto a nada por el poder que creian que les daba el dinero de sus padres, descubrieron que se podia abrir el siempre presente panel de control del ascensor (ubicado siempre debajo de la botonora, es una cajita cerrada con llave), y en ella por lo general y entre otras cosas, uno puede encontrar 2 botones, uno rojo y otro verde, y si presionabes el verde una sola vez despues de marcar el piso de destino el artefacto subia rapidamente sin hacer escalas, era una practica muy efectiva y vivaz cuando debiamos subir hasta el quinto piso y con rapidez suficiente como para no llegar tarde a alguna clase. eso es vanguardia y sofisticacion, lastima que para descubrirla haya que tener la mentalidad de que teniendo dinero uno puede hacer cualquier cosa, pero ese no es el punto.
cuidate

Chango Glamour dijo...

¿Nunca viajaron en esos ascensores que se controlan a palanca?
En el Palacio de Telecomunicaciones hay de esos, con ascensorista y todo. Viajar allí es vértigo puro. A veces uno ni siquiera debe llamar al ascensor, si es que tenemos la suerte de que el ascensorista nos divise unos 10 segundos antes. Ansiedad del ascensorista,que en realidad sabe que estará allí varias horas.